
El Tribunal Penal Internacional comenzó recientemente un juicio en contra de Radovan Karadzic, responsable del genocidio en la ex Yugoslavia, al tiempo que giró una orden de aprehensión contra Omar el Bechir, autor de limpieza étnica llevada a cabo en Sudán en 2003 y presidente de ese país.
Karadzic se ha negado a cooperar, asumiendo que el TPI no tiene ninguna jurisdicción en el caso. Bechir ha convocado manifestaciones en su país para demostrar que cuenta con el apoyo de un gran espectro de su población: los musulmanes.
Ambos casos demuestran que el TPI no cuenta con legitimidad para juzgar a los mandatarios acusados de genocidio, aún cuando esté probado que lo son. Bien lo dice el Bechir, "¿Dónde estaba la justicia internacional cuando la invasión de Irak y de Afganistán, los bombardeos en Gaza y los crímenes cometidos en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib?".
Lo cierto es que las acciones llevadas a cabo el TPI sólo serán válidas en la medida que su jurisdicción sea reconocida no sólo para juzgar a los líderes de los países en vías de desarrollo, sino como una institución capaz de asumir los crimenes llevados a cabo por mandatarios de Estados Unidos, Israel, tanto como de Sudán y Serbia.
Karadzic se ha negado a cooperar, asumiendo que el TPI no tiene ninguna jurisdicción en el caso. Bechir ha convocado manifestaciones en su país para demostrar que cuenta con el apoyo de un gran espectro de su población: los musulmanes.
Ambos casos demuestran que el TPI no cuenta con legitimidad para juzgar a los mandatarios acusados de genocidio, aún cuando esté probado que lo son. Bien lo dice el Bechir, "¿Dónde estaba la justicia internacional cuando la invasión de Irak y de Afganistán, los bombardeos en Gaza y los crímenes cometidos en las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib?".
Lo cierto es que las acciones llevadas a cabo el TPI sólo serán válidas en la medida que su jurisdicción sea reconocida no sólo para juzgar a los líderes de los países en vías de desarrollo, sino como una institución capaz de asumir los crimenes llevados a cabo por mandatarios de Estados Unidos, Israel, tanto como de Sudán y Serbia.

Coincido totalmente. Es curioso notar que instituciones como en TPI has servido en la práctica como instrumentos para violar la soberanía estatal de manera selectiva. No se trata de defender a nadie, sino de destacar la ironia ridícula en el hecho de que quienes manejan estas pretendidas instituciones autónomas para juzgar a los genocidas sean los mismos poderes fácticos que permitieron, o incluso propiciaron activamente estos crímenes en primer lugar,actuando en uno y otro sentido siempre en concordancia con sus propios intereses, y no con los derechos humanos. Al respecto el caso de Saddam Hussein resulta aleccionador.
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